QUIÉN SOY

No siempre tuve claro que acabaría especializándome en rehabilitación,

pero sí sabía desde pequeña que quería mejorar casas.

Recuerdo perfectamente la casa de mis bisabuelos. La calle era tan estrecha que había que dejar el coche antes de llegar a la casa. Y hasta que no doblabas el recodo, no veías la cancela. Detrás, el patio, el patín, la casa… o la huerta. Todo con sus recovecos, sus olores, su lógica.

Bajábamos las escaleras de piedra hasta la huerta y arrancábamos algunas hojas de col para dar de comer a las gallinas (o para asustarlas un poco, según el día). Allí siempre me llamaba la atención que una de las fachadas estuviera pintada de negro. No sabía de orientaciones ni de fachadas. Solo sabía que por allí se ponía el sol.

Dentro, la lareira. El fregadero bajo la ventana. Los bancos pequeños hechos a mano por mi bisabuelo. El chinero con las campurrianas. La bañera con asiento. La pared caliente que hacía de tobogán y de refugio.

Siempre que iba, algo quería entender, imaginar o mejorar. Aunque no supiera ni cómo se llamaban las cosas.

Años después estudié arquitectura, me especialicé en rehabilitación y trabajé en obra. Pero en el fondo, todo empezó allí. En esa casa. La que luego alguien modificó sin comprenderla del todo.

Quizá por eso ahora hago lo que hago. Para que no se pierda lo que sí tiene sentido conservar.

Con los años, fui dándole forma a todo aquello que ya intuía. Empecé en un estudio de paisaje, pasé por proyectos de interiorismo y me metí hasta el fondo en reformas complejas como jefa de obra.

Gracias a eso, hoy no solo diseño. También sé lo que pasa en obra cuando las cosas no están claras desde el principio.

Me gusta tener los pies en la tierra y los planos bien pensados. Porque rehabilitar es combinar la lógica con la sensibilidad.

Vivo en Galicia, aunque he pasado temporadas en Londres, Austria y Tenerife. Me gusta dibujar, cocinar, hacer rutas y deporte (sin presiones, lo justo para desconectar).

No siempre llego a todo, pero intento dedicar tiempo a lo que de verdad importa: mi gente, mi salud… y alguna que otra casa que aún tiene algo que contar.