Aunque según cómo lo hagas, tu casa -o tu alojamiento turístico- podrá darte la paz que buscas sin renunciar al wifi, la calefacción o a un baño donde no tengas que hacer contorsionismo para llegar a la ducha.
Soy Arquitecta. Rehabilito casas para convertirlas en tu hogar o transformarlas en un proyecto rentable como alojamiento.
Cada vez más gente se escapa a entornos rurales. Algunos para quedarse a vivir, otros para pasar fines de semana o a montar un negocio turístico.
En Galicia, el turismo no para de crecer. Y no, ya no vienen solo a desconectar: vienen con portátil, perro y ganas de quedarse una temporada.
El cambio climático también influye.
Claro que suena idílico: despertarse con el sol y el canto del gallo, en vez de esa alarma que suena cada 5 minutos y un café que tomas de pie a toda prisa, con el ojo medio abierto. También lo es acabar el día viendo árboles por la ventana con los grillos de fondo, en lugar de volver a casa sorteando coches, patinetes, colas en el súper, padres con mochilas, prisas y caras largas de los que aún no han llegado a casa.
Todo eso suena genial.
Ahora bien, el campo no es solo cielos estrellados y tomates con sabor.
Puede que pases media mañana en la huerta o media tarde en el jardín. O que tengas que coger el coche para casi todo… menos para el pan, que lo reparten en furgo y ya te tienen apartado lo que necesitas.
Si eso es lo que cuesta una vida más tranquila o que te saluden porque te conocen y no por compromiso, igual compensa.
No hace tanto, vivir en la aldea era pasar frío con cuatro capas de ropa para aguantar la humedad y la leña al lado de la cocina.
Hoy puedes salir a dar un paseo tranquilamente mientras programas la calefacción desde el móvil.
Se puede vivir en una aldea sin renunciar al confort.
Aún así, entiendo que tengas dudas. Yo también las tuve. Por eso, en su momento, dejé Galicia para probar suerte en una gran ciudad. Londres, concretamente.
Fueron suficientes diez meses de ruido, ajetreo, cafés a precio de oro y horas de mi vida perdidas en desplazamientos, para darme cuenta de que eso no era lo que buscaba.
Lo que parecía atractivo se fue desinflando poco a poco.
No me quedaba tiempo ni energía para disfrutar de nada. Cumplía con todo… menos conmigo.
Tardé en darme cuenta de eso.
Cuando lo hice, volví a Galicia.
Aquí se siente más cercano, más amable. Incluso comida gratis: huevos, un repollo, un par de lechugas, lo típico que aparece en la puerta después de un ratito de conversación.
Eso sí, al menos en Londres conseguí un inglés fluido. Algo es algo.
En esa vuelta me di cuenta de algo más.
Te contaré algo importante si estás pensando en construir tu casa o alojamiento rural.
Entiendo que ya tengas alguna idea de cómo te gustarían ciertos espacios o qué materiales prefieres. Vale.
También entiendo esa preocupación de que lo que veas una vez terminado se parezca, de verdad, a lo que tienes en tu cabeza. Bien.
La cuestión es que cuando te mueves por aldeas o zonas del rural, hay cosas que no se las explicas a una gran constructora con oficina en la ciudad, sino al albañil o al proveedor local. Y normalmente tomarán notas en un cartón, la tapa de una caja de clavos o un trozo de madera que tengan a mano. Seguro que intuyes dónde acaban esas notas.
Me explico, ¿verdad?
En la mayoría de los casos no hablan varios idiomas. A veces, ni castellano.
Tienen su forma de hacer las cosas, sus tiempos, sus manías.
Te lo digo porque ya lo viví en más de una rehabilitación.
Aprendí a moverme entre plazos que no siempre se escriben, a cómo hacerme entender para que te hagan caso y las cosas salgan como tienen que salir, y a saber a quién llamar -y cuándo- para llegar al proveedor necesario.
Es lo que tiene la vida rural y así se hacen aquí las cosas.
Pero no te preocupes.
No solo me ocupo del diseño. Estoy contigo durante todo el proceso, desde que me cuentas lo que tienes en mente hasta que ves cómo toma forma en obra.
Te acompaño, te escucho y hago de puente con los agentes locales, para que no haya líos de plazos, confusiones o cosas que se hagan “a su manera” sin que te enteres.
Y te voy informando de todo. Paso a paso. Para que lo que veas al final sea justo lo que imaginabas. O incluso un poco mejor.
Igual consigues un alojamiento al que la gente quiere volver o una casa donde, por fin, estás a gusto.
Si esto que te cuento encaja con lo que buscas, rellena el formulario para que vea si podemos trabajar juntos.
Por cierto, soy Teresa Fernández.
Gallega y arquitecta.
Esta combinación me ha permitido conocer las soluciones arquitectónicas tradicionales de Galicia y entender sus fundamentos.
Así puedo aplicarlas hoy, adaptadas a la arquitectura actual, sin que pierdan sentido.
He pasado la mayor parte de mi vida en Galicia y desde pequeña me preguntaba cómo quedarían las casas arregladas con un poco de cariño.
Cuando visitaba a mis abuelos o incluso a mis bisabuelos en sus respectivas aldeas, me imaginaba cómo mejorar aquellas habitaciones, o cómo se vería la piedra si la limpiasen por fuera.
Supongo que ahí empezó todo.
Entonces, te resumo cómo te podría ayudar si estás pensando en hacerte una casa en el campo o en montar un alojamiento turístico.
En eso consiste mi trabajo.
Si estás pensando en rehabilitar una casa o un alojamiento turístico, rellena el formulario. Así me aseguro de que puedo ayudarte.
Podría estar rondándote alguna de estas dudas:
Depende del estado de la casa y de lo grande que sea la intervención. Por lo general, el proyecto puede llevar entre 2 y 4 meses. Y la obra, entre 6 y 12 meses dependiendo de la complejidad. Desde el principio, te doy un calendario claro y realista, para que sepas en qué punto estás en cada momento.
Sí, trabajo con profesionales de confianza en distintas zonas. Si todavía no hay nadie definido, busco a los que mejor encajan para tu obra.
¡No te preocupes! Podemos trabajar a distancia sin que te pierdas nada. Te mantengo al día a través de reuniones online, informes claros y fotos. Así, tendrás el control aunque estés lejos.
Por supuesto. Primero se hace un análisis técnico para ver qué se puede aprovechar y cómo. A veces, lo que parece una ruina tiene mucho más potencial del que imaginas.
Divido el trabajo en fases y, desde el inicio, acordamos un plan de pagos claro.
Así llevamos el control y todo va quedando bien cerrado, paso a paso.
Igual ahora ves más claro que puedo acompañarte en el diseño de tu vivienda o alojamiento en el rural.
Si es así, rellena el formulario para que vea si podemos trabajar juntos.
¿Aún no es el momento?
Entonces igual te apetece saber un poco más sobre mí.